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sábado, 4 de abril de 2015

Sábado Santo: Vigilia Pascual paso a paso y su significado.

El sábado santo es un día de oración junto a la tumba esperando la resurrección. Es día de reflexión y silencio. No se celebra la Misa, por lo que los altares se conservan totalmente desnudos, las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos y vacíos en señal de la muerte de Jesús. No puede darse la Comunión (únicamente a las personas que estén prontas a morir) hasta la Vigilia Pascual, que se celebra por la noche.


Que esta Vigilia Pascual sea la oportunidad para agradecer sinceramente a Cristo su sacrificio y su resurrección.
La Vigilia Pascual
Por la noche se celebra la Vigilia Pascual la cual nos introduce en el Domingo más importante de la historia, el de la Pascua de Cristo.
Después de la Vigilia solemne o espera nocturna de la resurrección, se desborda la alegría pascual que dura los cincuenta días subsiguientes.
Esta celebración suele ser larga, pero en la medida en que comprendamos su significado podremos vivirla con mayor devoción. Tiene cuatro partes importantes:
1. Celebración del fuego nuevo. Al iniciar la celebración, el sacerdote enciende un fuego nuevo con el que prende el cirio pascual, que representa a Jesús. Sobre el cirio, marca el año y las letras griegas “Alfa” y “Omega”, que significan que Jesús es el principio y el fin del tiempo y que este año le pertenece.
Con la luz del cirio pascual se encienden las demás velas y se camina en procesión, guiados por el sacerdote con el cirio pascual. Esto representa al pueblo que camina por las tinieblas iluminado por la luz de Cristo.
Ya en el templo, el sacerdote recita o canta el Pregón Pascual que es un poema muy antiguo (escrito alrededor del año 300) que proclama a Jesús como salvador.
2. Liturgia de la Palabra. Se acostumbra leer siete lecturas. Esta es una manera de conocer más a fondo nuestra historia y recordar el camino de amor que Dios ha seguido desde el momento que nos creo, hasta el cumplimiento de su promesa de no dejarnos solos, con la venida de Jesús al mundo.
3. Liturgia Bautismal. Se bendice el agua, la cual nos recuerda nuestro Bautismo, que es cuando pasamos a formar parte de la familia de Dios. Esta liturgia nos invita a renovar nuestras promesas y compromisos bautismales: renunciar a Satanás, a sus seducciones y a sus obras y confirmar nuestra entrega a Jesucristo.

4. Liturgia Eucarística. En este momento Jesús desciende a la hostia en la última parte de la Vigilia Pascual, para entrar en nosotros y poder dialogar de corazón a corazón. Con la Eucaristía se termina el ayuno cuaresmal: Jesús se da a sí mismo como alimento de vida eterna a su Iglesia. La celebración de la Eucaristía es el punto culminante de la Vigilia porque es el sacramento pascual por excelencia, memorial del sacrificio de la Cruz, presencia de Cristo resucitado y pregustación de la pascua eterna.
Después de recorrer cada parte de esta celebración litúrgica, podemos decir que bien vale la pena este tiempo que pasamos en familia como Iglesia celebrando la cercanía de Dios que resucita liberándonos de la muerte y abriéndonos las puertas del cielo, el recordar la historia de nuestra salvación, renovar las promesas de nuestro Bautismo y recibir a Cristo mismo en la Eucaristía.

domingo, 8 de junio de 2014

Significado de Pentecostés

Pentecostés (del griego Πεντηκοστή (ημέρα), Pentekosté (heméra) ("el quincuagésimo día") describe la fiesta del quincuagésimo día después de la Pascua y que pone término al tiempo pascual.
A los 50 días de la Pascua, los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas, que en sus orígenes tenía carácter agrícola. Se trataba de la festividad de la recolección, día de regocijo y de acción de gracias, en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra. Más tarde, esta celebración se convertiría en recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí, realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto. No hay registros de la celebración de esta fiesta en el siglo I con connotaciones cristianas. Las primeras alusiones a su celebración se encuentran en escritos de san Ireneo, Tertuliano y Orígenes, a fines del siglo II y principios del siglo III. Ya en el siglo IV hay testimonios de que en las grandes Iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así como en la Península Ibérica, se festejaba el último día de la cincuentena pascual.
Durante Pentecostés se celebra la venida del Espíritu Santo y el inicio de las actividades de la Iglesia. Por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad. La liturgia incluye la secuencia medieval Veni, Sancte Spiritus.
El fondo histórico de tal celebración se basa en la fiesta semanal judía llamada Shavuot (fiesta de las semanas), durante la cual se celebra el quincuagésimo día de la aparición de Dios en el monte Sinaí. Por lo tanto, en el día de Pentecostés también se celebra la entrega de la Ley (mandamientos) al pueblo de Israel.
En las Iglesias ortodoxas existen además la celebración de las Tres Divinas Personas o de la Santa Trinidad. Las Iglesias occidentales celebran para esta ocasión desde el siglo XIV su propia fiesta llamada Trinitatis (la fiesta de la Santísima Trinidad) una semana después del Pentecostés.
En las narraciones sobre Pentecostés de Hechos de los Apóstoles (2,1-41) se le adjudica al Espíritu Santo, en congruencia con el Antiguo Testamento, características milagrosas (carismas): él ofrece valentía y libertad, posibilita la comprensión (glosolalia) y fortifica una comunidad universal.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Psicología del Enfermo

La pieza es un Templo, el paciente una Víctima y desde luego la cama es el Altar del sacrificio.


Esta es la analogía que hacía San Camilo, al ver en el enfermo a Jesús.
Pero… ¿quién es el enfermo?, ¿es una entidad por sí misma?, ¿lo trato como UN ENFERMO, o sea, un ser para la enfermedad?...

¡NO!  El que está en la cama es una persona, como ustedes como yo, con su pasado, su entorno, su religiosidad, etc. Es una persona que está transitoriamente con una pérdida de su estado de salud, lo que denominamos enfermedad, es más, esa persona que está enfrente nuestro gracias al Sacrificio de Cristo en la Cruz, ya no es sólo una persona humana, sino que es humana y divina a la vez, y para nosotros los camilianos, es Jesús en el altar del sacrificio.
¿Y esta persona en que se diferencia a nosotros? Esta pregunta es fundamental hacérnosla cada vez que visitamos a un enfermo, ya que el mismo está viviendo una realidad diferente a la nuestra.
Mucho se habla de la empatía, pero… ¿podemos ser empáticos con el enfermo? ¿Cómo podemos ser empáticos con alguien que todo lo experimenta de manera diferente a los que están sanos?, el tiempo que pasa, las emociones, las visitas, el insomnio, etc.
En este estado de falta temporal de salud, la psiquis de la persona también se encuentra alterada y esto pasa sobre todo en los procesos crónicos, en ancianos, y pacientes terminales.
En la etapa aguda de la enfermedad al paciente le preocupan generalmente sólo los síntomas por los cuales está hospitalizado, pero a medida que la estadía en el hospital se prolonga, todo cambia…

            las expectativas de curación decaen, generando ansiedad,
            los familiares ya no lo visitan tan seguido, generando soledad,
            su cuerpo ya no es el mismo, generando despersonalización,
            para el creyente Dios lo abandonó, generando descreimiento,

de esta manera se empieza a configurar lo que en un principio denominamos     
EL ENFERMO, es en este punto en el cual el mismo empieza a girar en un espiral de sentimientos negativos, constituyendo cada vez más difícil su recuperación.
Lo que en un principio era una enfermedad somática, se transforma con el tiempo en una enfermedad psicosomática.
En este punto tenemos a una persona ansiosa, defraudada por la medicina, en soledad, abandonada por su Dios…
Esta persona se mira al espejo y ya no se reconoce a sí misma…
Esta nueva realidad por la cual atraviesa la persona, una realidad impuesta, no elegida, desencadena no pocas veces pscopatologías como depresión, angustia, etc.
Esta es la psicología con la cual nos encontramos.
Entonces: ¿podemos ser realmente empáticos?, si denominamos a la empatía como la capacidad de percibir el estado emocional de nuestro interlocutor.
¿Cómo podemos ser empáticos si no pasamos por lo mismo que pasó el otro?
Lo más cercano que podemos hacer es remitirnos a alguna experiencia parecida que nos pasó o que le haya pasado a otra persona y usar esto como parámetro.
¿Pero…? ¿Es éste un parámetro realista? Digo esto ya que cada uno experimenta cada acontecimiento de acuerdo a su propia historia, el acervo de conocimientos adquiridos, su propia madurez espiritual, etc.
La pérdida de la función de un órgano, la pérdida de un miembro, hasta la pérdida de un ser querido, son vividas de manera diferente en todas las personas, y lo que para uno es una calamidad, para otro es una oportunidad de crecimiento.
Por lo dicho anteriormente, nuestro parámetro de referencia que tomamos de una situación similar ya no es fidedigno, ya que, en procesos médicos similares se obtienen diferentes respuestas de parte de los pacientes.
¿Cómo sabe entonces el voluntario camiliano qué actitud adoptar en cada caso?
Entran en juego aquí las distintas capacidades que debe desarrollar todo voluntario, una de ellas es la ESCUCHA ACTIVA. A partir de ésta un acompañante debidamente entrenado deberá ir desglosando y descifrando el mensaje del enfermo, que él sea el protagonista, deberá ser capaz de dejarse guiar por el acompañado, que el enfermo sea su Pastor y el camiliano sea como una oveja.
Al igual que en el camino a Emaús (Lc.24, 13-35), todo voluntario tiene que imitar a Jesús, realizando una escucha activa para lograr que se vaya produciendo un acompañamiento efectivo, y de esa manera es muy probable que al enfermo que estamos acompañando se le “abran los ojos” como a los discípulos y puedan reconocer la realidad que están viviendo, aceptándola como tal.
Sólo con un acompañamiento efectivo, centrado en la persona del enfermo, sabremos a qué tipo de psicología nos enfrentamos, o sea, qué tipo de personalidad y cómo reaccionará a la enfermedad este paciente en particular.
Una vez que dilucidamos qué tipo de paciente tenemos a nuestro lado, recién en este momento podremos aplicar distintos métodos y usar diferentes herramientas para lograr un proceso curativo, o en su defecto lograr un proceso sanador, teniendo en cuenta que no sólo hay que curar el cuerpo, sino también el alma, consiguiendo de esta manera la sanación espiritual del individuo.
Nosotros, los camilianos, para lograr lo anteriormente dicho, tenemos como referente a San Camilo, el cual se ocupó del cuerpo y del alma del enfermo por igual, a imitación de Jesús el “Divino Médico”, el “Médico de Almas”.
El camiliano continúa haciendo lo que hizo Jesús, todo Camilo es un signo actual de Su presencia gloriosa.

“Según el don que Dios me ha dado, como arquitecto experto puse el cimiento, otro sigue construyendo. Que cada uno se fije como construye” (1°Co 3,10).
“La obra de cada uno se verá claramente en el día del juicio porque ese día vendrá con fuego, y el fuego probará la calidad de la obra de cada uno” (1°Co 3,13).

Para trabajar en forma individual
1)    ¿Soy capaz de ser empático?
2)    Nombre 5 diferentes tipos de respuesta a una misma situación.
3)    ¿En situaciones similares, tuvo diferentes respuestas? Ejemplos
4)    ¿Hacia qué tipo de pacientes se siente más atraído?
5)    ¿Hacia qué tipo de pacientes siente más rechazo?
6)    ¿Qué significa el enfermo para usted?